Las dos águilas del rey
Un buen día, el rey recibió un maravilloso regalo: dos águilas recién nacidas. La alegría no se hizo esperar, y el rey quedó tan entusiasmado que llamó de inmediato a uno de sus súbditos.
– Quiero que te encargues de estas dos hermosas aves y las críes hasta que crezcan y se vuelvan fuertes. Cuando puedan volar, las llevaré siempre conmigo y les daré mucho amor.
Rápidamente, el súbdito se llevó las águilas y por mucho tiempo anduvo cuidándolas y alimentándolas hasta que crecieron y se volvieron enormes y fuertes. Nunca en el mundo se habían visto aves tan hermosas, y todos los habitantes del reino esperaban con deseo el día en que pudieran ver volar a las águilas del rey.
Sin embargo, cierta mañana el súbdito se apareció ante la corte y muy afligido se arrodilló a los pies del rey pidiendo clemencia.
Un buen día, el rey recibió un maravilloso regalo: dos águilas recién nacidas. La alegría no se hizo esperar, y el rey quedó tan entusiasmado que llamó de inmediato a uno de sus súbditos.
– Quiero que te encargues de estas dos hermosas aves y las críes hasta que crezcan y se vuelvan fuertes. Cuando puedan volar, las llevaré siempre conmigo y les daré mucho amor.
Rápidamente, el súbdito se llevó las águilas y por mucho tiempo anduvo cuidándolas y alimentándolas hasta que crecieron y se volvieron enormes y fuertes. Nunca en el mundo se habían visto aves tan hermosas, y todos los habitantes del reino esperaban con deseo el día en que pudieran ver volar a las águilas del rey.
Sin embargo, cierta mañana el súbdito se apareció ante la corte y muy afligido se arrodilló a los pies del rey pidiendo clemencia.
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